Los televisores inteligentes dan un salto más allá: ya no solo ven y reproducen contenidos, sino que también entienden tus emociones y hábitos. Según Infobae, la noción de “inteligencia afectiva” está transformando los dispositivos del hogar para hacerlos más empáticos, personalizados y alineados con el usuario.
Qué es la inteligencia afectiva en televisores
La inteligencia afectiva se basa en que los dispositivos puedan interpretar señales del entorno, las elecciones del usuario, sus rutinas e incluso su estado emocional para responder de forma más humana.
Por ejemplo: un televisor que ajusta brillo, color, sonido, selecciona contenidos o adapta su interfaz según el estado de ánimo, el momento del día o el perfil de cada miembro del hogar.
Cómo lo aplican los fabricantes
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LG lanzó una línea de televisores con procesador α y sistema operativo webOS que incorporan “Affectionate Intelligence”. Estos equipos aprenden del usuario, adaptan dinámicamente la imagen y el sonido, recomiendan contenidos, detectan rutinas y buscan ofrecer una experiencia como ninguna otra.
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En el ámbito de los videojuegos, deportes o cine, el televisor ajusta automáticamente aspectos técnicos como latencia, nitidez, sonido envolvente y parámetros de imagen en función del contenido y la emoción que genera.
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Así mismo, la interfaz reconoce voz, detecta hábitos, sugiere opciones y personaliza la experiencia de cada usuario sin que este tenga que configurar manualmente cada detalle.
Por qué importa para el hogar conectado
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Estas innovaciones convierten al televisor en el centro inteligente del hogar, no solo como pantalla de entretenimiento, sino como dispositivo que entiende al usuario y conecta con otros dispositivos inteligentes.
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Permite experiencias más inmersivas y personalizadas, lo que puede mejorar el bienestar, la comodidad y la eficiencia energética del hogar.
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Además, abre camino a tecnologías más integradas donde los dispositivos no solo reaccionan a comandos, sino anticipan necesidades.
Consideraciones y retos
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Al elevarse el nivel de personalización y análisis de datos, la privacidad y la seguridad de la información se vuelven esenciales. ¿Cómo se recogen los datos de usuario? ¿Dónde se almacenan? ¿Quién accede a ellos?
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También está el desafío del equilibrio entre automatización y control humano: ¿hasta qué punto dejamos que un televisor “decida” por nosotros?
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Finalmente, la compatibilidad y usabilidad siguen siendo clave: que todo esto funcione sin que el usuario tenga que ser un experto técnico será lo que marque la diferencia.


