Hasta hace poco, nuestra relación con la Inteligencia Artificial era conversacional: le pedíamos un texto, una imagen o una traducción. Pero según el análisis de El País Semanal (EPS), esa etapa ha terminado. En 2026, la IA ha dejado de ser un oráculo para convertirse en un ejecutor. Ya no solo te muestra lo que pides; ahora, simplemente, hace las cosas por ti.
Esta transición marca el nacimiento de los Agentes de IA, programas diseñados no solo para entender el lenguaje, sino para navegar por el mundo digital en nuestro nombre.
1. El fin del «Prompt» y el inicio de la «Delegación»
La gran diferencia de esta nueva generación tecnológica es la autonomía. Mientras que con ChatGPT necesitábamos escribir instrucciones precisas para obtener un resultado, los nuevos agentes integrados en nuestros dispositivos funcionan bajo una premisa distinta: la resolución de problemas de extremo a extremo.
Por ejemplo, si tienes que organizar un viaje de negocios, ya no buscarás vuelos en una pestaña y hoteles en otra. Le dirás a tu asistente: «Organiza mi viaje a Madrid el próximo martes con un presupuesto de 300 euros». La IA entrará en las webs, comparará, seleccionará y —con tu permiso— ejecutará el pago.
2. Agentes en el bolsillo: Siri, Gemini y el control del dispositivo
El reportaje destaca cómo los gigantes tecnológicos están transformando sus sistemas operativos. Apple y Google están dotando a sus asistentes de la capacidad de «ver» lo que hay en tu pantalla y actuar sobre ello:
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Interacción entre apps: La IA puede sacar un dato de un correo y pegarlo en una hoja de cálculo sin que tú intervengas.
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Contexto personal: La IA sabe quién es tu jefe, cuándo es el cumpleaños de tu hijo y qué tipo de comida te gusta, actuando de forma proactiva.
3. El impacto en el mercado laboral: Del operario al supervisor
Este cambio tiene una lectura profunda en la economía. Muchos trabajos administrativos que consisten en «mover datos de un sitio a otro» están siendo absorbidos por estos agentes. El trabajador humano está evolucionando hacia un rol de curador o supervisor de procesos, validando las acciones que la IA propone o ejecuta.
4. ¿Estamos preparados para ceder el control?
Como bien señala EPS, este avance trae consigo dilemas éticos y de seguridad fundamentales:
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Privacidad: Para que un agente sea útil, debe conocer casi todo de nosotros.
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Responsabilidad: Si una IA reserva un vuelo equivocado o realiza una compra errónea, ¿de quién es la culpa?
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Seguridad: El riesgo de que agentes maliciosos puedan tomar el control de nuestras cuentas digitales es un reto que la industria aún intenta resolver.
La IA ha dejado de ser una curiosidad para expertos para convertirse en el sistema operativo de nuestras vidas. Estamos pasando de la «economía del conocimiento» a la «economía de la acción». El verdadero desafío del 2026 no será aprender a usar la IA, sino aprender a confiar en ella (o saber cuándo dejar de hacerlo).


