A pesar de que las cifras de desempleo se mantienen estables, el mundo del trabajo enfrenta una crisis silenciosa. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), agencia de la ONU, ha lanzado una advertencia contundente en su informe «Tendencias sociales y del empleo en 2026»: las condiciones laborales globales se han estancado y el futuro no parece prometedor.
Bajo el liderazgo de Gilbert F. Houngbo, la organización señala que «los mercados laborales estables no son sinónimo de mercados laborales sanos».
Los 4 jinetes de la precariedad laboral
El informe identifica cuatro factores críticos que están frenando el progreso social y económico a nivel mundial:
1. El estancamiento de los salarios reales
A pesar de que la inflación ha comenzado a moderarse tras el shock de 2022-2024, el poder adquisitivo de los trabajadores no se ha recuperado. Los salarios reales crecen por debajo de la productividad, lo que significa que el peso de las rentas del trabajo en la riqueza mundial sigue siendo inferior a los niveles previos a la pandemia.
2. El auge del empleo informal
La informalidad (el trabajo «en B») sigue ganando terreno. La OIT prevé que para finales de 2026 habrá 2.100 millones de trabajadores informales en todo el mundo. Este tipo de empleo carece de protección social, estabilidad y derechos básicos, lo que cronifica la pobreza incluso entre quienes tienen trabajo.
3. La amenaza de la IA para los jóvenes cualificados
Uno de los puntos más novedosos del informe es la advertencia sobre la Inteligencia Artificial (IA). A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la IA está afectando especialmente a los jóvenes con educación avanzada. En los países de ingresos altos, los graduados encuentran mayores dificultades para insertarse en un mercado laboral donde sus tareas están siendo automatizadas rápidamente.
4. La brecha de género persistente
El acceso al empleo sigue siendo una carrera de obstáculos para las mujeres. En 2025, ellas solo representaban dos quintas partes del empleo global, una cifra que refleja barreras estructurales que la economía mundial aún no ha logrado derribar.
¿Por qué no mejora la productividad?
La OIT apunta a la incertidumbre geopolítica y a las políticas proteccionistas como los principales frenos. La falta de inversión en sectores de alta cualificación y la pérdida de impulso en la transición hacia economías más eficientes están impidiendo que el aumento de la productividad se traduzca en «trabajo decente».
Un futuro incierto
El diagnóstico es claro: aunque no hay una destrucción masiva de puestos de trabajo, la calidad de los mismos está degradándose. Sin políticas que aseguren que los beneficios de la productividad y la tecnología (como la IA) se repartan de forma equitativa, el riesgo de un aumento de la desigualdad y la pobreza laboral es inminente.


