El inicio de 2026 no ha traído la calma que muchos esperaban. Al contrario, nos encontramos en un punto de inflexión donde la incertidumbre es la única constante. Un reciente análisis de EL PAÍS plantea un escenario dominado por interrogantes que hasta hace poco parecían de otra época: ¿Estamos cerca de un conflicto global? ¿Es la energía nuclear nuestra única salvación energética?
Este año se perfila como el momento de las «preguntas incómodas», aquellas que obligarán a los gobiernos y a la sociedad civil a tomar decisiones de largo alcance.
1. El tablero mundial: ¿Riesgo real de un conflicto a gran escala?
La tensión en los puntos calientes del planeta ha alcanzado niveles que recuerdan a la Guerra Fría. Los analistas ya no descartan escenarios que antes parecían impensables.
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Rearme global: El aumento del gasto militar en las principales potencias es un síntoma de una desconfianza profunda en los mecanismos diplomáticos actuales.
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Conflictos regionales con impacto global: La interconexión de las economías hace que cualquier chispa en Europa del Este o el Indo-Pacífico tenga consecuencias inmediatas en la inflación y el suministro de bienes básicos.
«La pregunta no es si habrá una guerra, sino si nuestras estructuras internacionales son todavía capaces de evitarla.»
2. El dilema energético: El renacer de la energía nuclear
En medio de la urgencia climática, el debate sobre la energía nuclear ha vuelto con una fuerza renovada. Lo que hace una década era tabú en muchos países, hoy se discute como una pieza necesaria del puzle de la descarbonización.
¿Por qué este cambio de postura?
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Soberanía energética: La necesidad de no depender de suministros de gas o petróleo de regiones inestables.
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Estabilidad del sistema: A diferencia de las renovables intermitentes, la nuclear ofrece una carga base constante.
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Innovación tecnológica: La llegada de los SMR (pequeños reactores modulares) promete una energía nuclear más segura, barata y flexible.
3. Desafíos sociales: La tecnología y el nuevo orden
Más allá de las bombas y los reactores, 2026 nos interroga sobre nuestra propia identidad:
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La IA en la toma de decisiones: ¿Cuánto poder estamos dispuestos a ceder a los algoritmos en cuestiones de seguridad nacional?
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La brecha social: Cómo gestionar un mundo donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de las personas para adaptarse a ella.
El 2026 no permite respuestas fáciles. La seguridad y la energía se han convertido en las dos caras de una misma moneda que define la estabilidad del mundo. Las preguntas son incómodas porque las soluciones requieren sacrificios, visión a largo plazo y, sobre todo, una cooperación internacional que hoy parece estar bajo mínimos.
¿Estamos ante el preludio de una era de caos o ante el nacimiento de un nuevo orden más resiliente? La respuesta se escribirá en los próximos doce meses.


