El uso diario de herramientas de inteligencia artificial (IA), desde chatbots hasta generadores de imágenes, es más que una ayuda digital: también implica un alto costo energético, uso intensivo de agua y contaminación ambiental que rara vez se discute.
Energía y emisiones de carbono
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Cada consulta a IA consume hasta 10 veces más electricidad que una búsqueda en Google, según informes del Electric Power Research Institute.
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LLMs más avanzados (modelos de mayor tamaño y capacidad) pueden generar hasta 50 veces más emisiones de CO₂ que versiones más sencillas al responder la misma pregunta.
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Entrenar modelos de IA, como GPT‑3, implica centenares de toneladas de CO₂, equivalentes a las emisiones anuales de decenas de coches.
Agua: un recurso crítico
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La refrigeración de los centros de datos puede requerir litros de agua por interacción con IA: se estima entre 0.5 litros por respuesta y hasta 700.000 litros solo para entrenar GPT‑3.
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Para 2027, se proyecta un uso de agua de 4.200 a 6.600 millones m³ solo por la industria de IA —similar al consumo anual de países como Dinamarca o la mitad del Reino Unido.
Residuos electrónicos y extracción de minerales
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La fabricación de hardware (chips, servidores) produce residuos tóxicos (plomo, mercurio) y requiere minerales raros como litio y cobalto, cuya extracción causa contaminación y afecta comunidades vulnerables.
Salud pública y justicia ambiental
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El ciclo de vida de la IA emite contaminantes atmosféricos fines, agravando problemas de salud en comunidades cercanas a centros de datos.
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Los impactos ambientales y sociales se concentran en regiones de extracción y producción, generando desigualdad ecológica.
Hacia una IA más sostenible
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Elegir modelos más pequeños y eficientes, y solicitar respuestas concisas, ayuda a reducir el consumo energético.
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Transparencia en el consumo de agua y energía por parte de empresas tecnológicas es esencial.
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Se necesita un marco regulador que obligue a reportar la huella ambiental de la IA.
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Invertir en energías renovables y tecnologías de refrigeración sostenible mitigará impactos a largo plazo.
La IA ofrece innumerables beneficios, pero no es gratuita para el planeta. Desde el elevado consumo de energía y agua hasta la generación de residuos y desigualdad ambiental, su uso intensivo demanda una evaluación consciente. La responsabilidad recae en desarrolladores, usuarios y gobiernos para asegurar un futuro digital sostenible y justo.


